A mis panas futboleros

Mi historia con el fútbol, fue casi tan impredecible como la historia de Yoon Yoon-soo con FILA.

(Yoon Yoon-soo fue el man que catapultó la marca Italiana como una de las más reconocidas por todos los deportistas en el mundo. Ya saben pues. )

A los cuatro años tuve mi primer y patético contacto con un balón de fútbol.

Recuerdo que me pusieron de portero. Como era el gordito del grupo y no corría casi nada, (como si no fuera necesario ser una máquina para tapar goles) mis panas pensaron que en esa posición no afectaría mucho los resultados finales del partido (sisas, como no). Entonces ahí estaba yo, cabizbajo y cachetón, paralizado en una esquina del arco.

Me distraía frecuentemente en pleno partido con los bichitos que pasaban cerca de mí.

Una mariquita. Una mariposa con las alas negras. Un gusano.

Cogía una ramita y empezaba a jugar con los bichos como si a mi alrededor no hubieran diez niños dejándolo todo en la cancha y confiando, inocentemente, en mis reflejos.

Cuatro, cinco, siete goles me dejaba meter. Los panas me cantaleteaban y como no, si yo lo único que hacía era mirar el césped y fingir que en ese momento no estaba ocurriendo nada.

Durante toda la infancia fui más bien tímido y esa práctica del fútbol, tan normal y divertida para el resto de mis amigos, sacó toda la vulnerabilidad que se acumulaba en mi pequeño y redondo cuerpo, confirmándome una y otra vez que el deporte no era lo mío.

Hoy, veinte años después, esa es la anécdota más contada en mi combo. Qué berracos para gozarme con la misma historia.

Con el tiempo, todo cambió. El fútbol se convirtió en el ritual de cada ocho días y le fui agarrando el gustico. Bajé unos kilos, dejé la pena, me volví más ágil y metí mis buenos golazos. Y si les contara la amistad tan bacana que construimos alrededor de la pelota:

Camilo, que para que se hagan una idea es como unos Guayos SPEEDY FG de FILA: determinado, serio, con personalidad contundente y muchísimo estilo. El solucionador. El que siempre tiene la respuesta apropiada para cualquier duda existencial que surja un domingo a las seis de la tarde.

Simón, que es como unos Guayos CLEVER FG: llamativo, seguro, sollado y musculoso. El alma de la fiesta. El que se apunta hasta para la movida de un catre y con quien he compartido las carcajadas más brutales de este mundo.

Carla, que es como unos Guayos SKILLED FG: no pasa desapercibida, tiene el mejor sentido del humor, la energía más contagiosa y una voz fuerte que sabe imponerse sobre cualquier injusticia.

Mauricio, que es como unos Guayos FASTING: pa las que sea. Clásico, prudente y reservado pero siempre firme y dispuesto. Es el que nunca falla.

Desde chiquitos inseparables y futboleros, porque aunque no dieran un peso por mí y yo me sintiera tan lejos del fútbol como Yoon Yoon-soon de los negocios (el man quería ser médico o politólogo), terminé enamorado del balón y dejando el alma en la cancha.

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